INFLUENCIAS MILANIANAS
Como ante una serendipia uno se topa a veces con inesperados descubrimientos felizmente afortunados. Es lo que tiene también de bueno la lectura. Nunca sabes qué te vas a encontrar al abrir un libro o un periódico. De ahí lo maravilloso de leer con mentalidad abierta, sin prejuicios, dispuestos a dejarnos sorprender.
Mi último hallazgo me ha ocurrido al enterarme del reciente fallecimiento de Carlo Ginzburg (Turín, 1939-Bolonia, 2026), notable historiador italiano, de quien la prensa se ha hecho amplio eco y del que yo no tenía ni la menor idea. Simplemente me llamó la atención su apellido Ginzburg. ¿No será hijo o pariente de Natalia Ginzburg (1916-1991), la ilustre escritora y política italiana?, me pregunté. De ésta había leído una de sus más famosas obras «Las pequeñas virtudes» (Acantilado, 2002), que me encantó. Y sí, efectivamente, lo era, como pude comprobar enseguida, y también de Leone Ginzburg (1909-1944), esposo de Natalia, un activista y comprometido intelectual antifascista que murió en un campo de concentración nazi en 1944.
Pues bien, Carlo Ginzburg destacado historiador y ensayista italiano (de origen judío) fue impulsor de la llamada microhistoria. O sea, la utilización del microanálisis de pequeñas comunidades, de eventos minoritarios o hechos individuales para desde ahí sacar conclusiones, interpretar los acontecimientos o revelar dinámicas sociales con repercusiones más amplias o globales. Una de sus obras más conocidas es «Il formaggio e i vermi» - El queso y los gusanos- (1976), donde reconstruye la cosmogonía (teorías y relatos mitológicos que explican el origen y la evolución del universo) de Menocchio, un molinero campesino del norte de Italia, a partir de dos juicios que le hizo la Inquisición en 1583 y 1599, y elabora nuevas teorías interpretativas.
En una larga e interesantísima entrevista [El queso, los gusanos y la revolución de la microhistoria. Entrevista a Carlo Ginzburg (In Memoriam) – Conversacion sobre Historia, https://conversacionsobrehistoria.info/2026/06/18/el-queso-los-gusanos-y-la-revolucion-de-la-microhistoria-entrevista-a-carlo-ginzburg-in-memoriam/], Carlo Ginzburg – y aquí viene la sorpresa-comenta lo siguiente:
«Siempre he creído que hubo un contexto que favoreció ciertas obras. Nunca fui un militante político, pero claramente el clima social asociado a la izquierda de las décadas de 1960 y 1970 influyó en mis libros, particularmente en El queso y los gusanos. […] Pero déjeme contarle algo más al respecto. Recuerdo que, ya en la década de 1970, estaba junto a Arnaldo Momigliano en la entrada del Instituto Warburg en Londres. Y él me preguntó: «¿Qué cree que hay de nuevo en la escena cultural italiana?». Y yo le respondí: Carta a una profesora, un libro publicado por el sacerdote Lorenzo Milani (más conocido como Don Milani) en 1967, que había cobrado mucha relevancia por su crítica de la educación que, en aquel tiempo, favorecía a los niños de las clases más pudientes. Y él me dijo, en lo que podría definir como una típica respuesta suya: «¡Vaya, un nieto de Comparetti!», haciendo referencia a Domenico Comparetti, el destacado filólogo del siglo XIX. Esa es la razón por la que en el prefacio de Mitos, emblemas, indicios mencioné que detrás de El queso y los gusanos estaba el fenómeno de 1968, pero también el de Carta a una profesora».
¡Nada menos!
No es la primera vez que me ocurre, desde luego. Por ejemplo, cuando me encontré involuntariamente con la noticia en la que la Presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, mencionaba a don Milani y su lema I care (Me importa; me hago cargo) que presidía la escuela de Barbiana como la consigna que debe seguir la Unión Europea ante la crisis, en un discurso pronunciado en Florencia en mayo de 2021: “Ursula Von der Leyen: che l´I care di don Milani diventi il motto dell´Europa” (6/5/2021). O la alusión al concepto de justicia social milaniano que hizo Nuccio Ordine en su discurso de agradecimiento por el premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2023: «No puede haber ni mérito ni justicia en una sociedad que no brinde a todos una educación digna del nombre de Don Milani, quien, tras dedicar gran parte de su vida a la educación de los niños pobres, escribió que «no hay nada más injusto que hacer partes iguales entre desiguales».
Varios decenios antes también descubrí –aunque entonces no me sorprendió tanto, porque la intuía- la influencia milaniana en varias de las obras teatrales que Giuseppe Bartolucci recoge en su didáctico y concienciado libro “El teatro de los niños” (Fontanella, 1975). Concretamente, en el capítulo 7 titulado: «Las actividades extraescolares en los barrios florentinos» , no dedicadas a jugar al parchís, precisamente; sino que abordaban los problemas del trabajo, la justicia y la educación principalmente de su entorno, el grupo teatral Doposcuola di Rovezzano elaboró y presentó la obra “Historia de dos niños en una escuela igual para todos” sobre los problemas de la escuela obligatoria, la cual partió precisamente de la lectura de Carta a una profesora y desarrolla un espectáculo sobre la selección clasista de la escuela y, por extensión, del sistema educativo estatal.
En la representación el hijo del obrero es suspendido y no termina la escuela obligatoria. Denuncia así, como lo hizo la Carta años antes, que la escuela, pretendidamente igual para todos, es un timo, ya que “sólo funcionó para uno”, o sea, para el que fue a medrar y a cosechar títulos. Por tanto, la cultura ha seguido siendo privilegio del que parte con ventaja, porque tiene los recursos, las oportunidades y el poder. El teatro, en este caso, se convierte en el vehículo ideal para pasar de la palabra a la acción, mediante el análisis crítico, la reflexión y toma de conciencia de la realidad social, la cual ha de generar el revulsivo cultural -porque obliga a ver y a tomar partido- y el compromiso responsable necesarios para su transformación y mejora.
Y es que Carta a una maestra (como la conocemos aquí) da mucho juego. También desde el MEM la convertimos en una excelente y pedagógica representación teatral: «I care: un juicio a la escuela», a cargo de los alumnos de la escuela rural de Becedas (Ávila), dirigidos por su maestro, Tomás Santiago (Boletín del MEM nº 26, junio-septiembre de 1988).
Alfonso Díez. Junio, 2026
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